¿Periodistas ricos?

Son una pléyade de comunicadores que en mayor o menor grado han servido al poder en turno

*Por eso las enseñanzas de mi maestro universitario Manuel Buendía, hoy son más válidas que nunca, deberían ser seguidas por las nueva generaciones de comunicadores del país: no buscar fortunas, riquezas y poder, vendiendo sus plumas, su honestidad, su ética y valores, México necesita hoy más que nunca comunicadores comprometidos con la sociedad y con su tiempo, honestos, valientes, transparentes,  que se la jueguen con y por la Patria

Rogelio ROY OCOTLA

Comunicadora ejemplo de un periodismo veraz, Carmen Aristegui.
El maestro del periodismo mexicano, Julio Scherer García.

Desde la época en que me inicié en el periodismo, en 1968 en el diario El Nacional, y después al correr de los años y de la carrera, en diferentes oportunidades y circunstancias, se me planteó la disyuntiva de ejercer mi oficio periodístico, con base a la ética, a la honradez y a la moral, o buscando la manera de progresar, crecer y buscar la riqueza, sin importar el cómo o el con quién.

Los comunicadores, tradicionalmente, hemos percibido bajos salarios nominales. Para nadie es un secreto que, en el caso del diarismo y de la radio o la televisión, los reporteros –saliendo de la carrera o haciendo las prácticas profesionales para titularse–, buscan trabajo en los diarios de circulación nacional  o en los principales noticieros de radio y tevé, y ahí les dan la oportunidad de iniciarse, y los tienen colaborando sin goce de sueldo, a prueba, sobre lapsos que van desde los 2 meses y en ocasiones hasta los 6 o 12 meses.

Hay algunos medios, que pasando el término de prueba, te contrata y te paga tus salarios caídos –como fue mi caso en el diario deportivo La Afición en 1975-76–, pero hay otros que simplemente o te despiden o te dan la fuente ya oficialmente y a partir de ahí empiezas a generar un salario. Un sueldo si, pero éste siempre exiguo, un poco arriba del mínimo, 10 ó 15%.

Años más tarde, en la década de los noventa, la Cámara de Diputados anunció un salario profesional para los comunicadores, que ascendió, siempre tomando como base el salario mínimo, a un incremento del 50% sobre éste. Aún así, el salario siempre fue bajo.

Los publicistas de los medios de comunicación, eran los que más dinero percibían. Cobraban comisiones del 5 al 15%, por este concepto, y sus ingresos eran, al menos, diez veces más que el de los reporteros.

Los directores, jefes de sección, reporteros de fuente, desde que eran contratados, los dueños de los medios les indicaban que el sueldo era bajo, ciertamente, pero que había “otros ingresos”. Y esos eran los cochupos, los embutes, los moches, los famosos chayos, que les daban las diversas dependencias gubernamentales por hablar y servir bien al gobierno.

A mi se me ofreció, por esos años de 1979, la dirección de El Sol de Toluca, con un salario de 5 mil pesos mensuales, más los “otros ingresos”. No le acepté el ofrecimiento al asesor legal de Don Mario Vázquez Raña, propietario de la Organización Editorial Mexicana, el Lic. Arturo Chávez Horcasitas, quien sin embargo me apoyó para ingresar a Radio ABC Internacional, propiedad del grupo, y emitir mi Noticiero Motor M.A. 7.60, en el periodo 1979-1986, con media hora diaria de lunes a viernes, de las 18 a las 18.30 horas.

No acepté, porque a la muerte de mi padre, ya traía el proyecto de hacer, junto con él, un periódico especializado en la industria automotriz, ya que tenía la experiencia de haber trabajado desde pequeño, de los 12 a los 18 años, ayudando a Octavio Roy Ocotla en sus secciones automovilísticas de Excélsior, El Heraldo de México, El Universal Gráfico, La Prensa y la Revista Récord. Y también a mi trabajo en el periódico especializado Auto Noticias, del 70 al 77. Y fundé el 1o. de agosto de 1977 el periódico México Automotriz, en memoria de mi padre y con el deseo de hacer algo propio en el periodismo especializado, con mis ideas y mis proyectos.

En algunos cursos que impartí y conferencias en la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, sobre el periodismo especializado, refería desde entonces que una forma de contar con más recursos era a través de la publicidad, de la venta de anuncios, que si bien la realizaban los publicistas, los reporteros y los editores también podíamos ingresar a ese exclusivo círculo.

En mis clases de la UNAM, el maestro Manuel Buendía, reportero estrella de Excélsior con su columna Picaporte Político, y profesor en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, un día nos dijo que un periodista nunca podía ser un hombre rico, al menos que fuera corrupto y aceptara las dádivas y chayotes del gobierno. Yo levanté la mano, y le dije que otra forma de hacer dinero sin corromperse era vendiendo publicidad. Me dio la razón a medias, ya que me dijo que no era confiable, ya que entonces habría un interés comercial al ejercer el periodismo y que eso no era ético.

La disyuntiva en la que me puso Buendía, taladró mi cerebro y mis convicciones por mucho tiempo.

Entonces, ¿el periodista ético debía ser un muerto de hambre, sin acceso a una vida decorosa pero con ciertas comodidades, con viajes, con una casa, con un auto?

¿O bien podrías hacer un periodismo honesto, veraz, sin vender ni comprometer tu pluma y comercializar publicidad para las empresas, que además tienen un presupuesto a ejercer en ese renglón?

Entonces el dilema lo resolví, apartándome de los medios que trabajaban de esa forma, con embutes y corruptelas, y dedicándose a hacer un periodismo blanco en un periódico especializado en el que no comprometieras tu pluma y te reservaras el derecho a hablar bien de un producto o marca a costa del espacio publicitario. Eso había que separarlo. Una, la publicidad, y otra sin cortapisas, tu periodismo no comprometido con los espacios publicitarios. Y ahí si, cada quien su conciencia y su ética.

Hoy lamentablemente vemos que los medios de comunicación siguen con sus malas mañas. Desde la frase “somos soldados del PRI”, que con voz engolada pronunciaba el dueño de Televisa, Emilio Azcárraga Milmo, y desde donde, en su noticiero estelar 24 Horas, un Jacobo Zabludovsky servil sesgaba la información, omitía algunas noticias dañinas al régimen en turno, como el caso de la escasa cobertura periodística de la matanza del 2 de Octubre, en la que Jacobo dijo que “estudiantes revoltosos habían atacado al ejército y que lamentablemente hubo algunos estudiantes muertos”. Mientras que la verdad, fue que fueron miles de estudiantes muertos a manos del ejército.

Y Jacobo, digno émulo de Carlos Denegri –uno de los más corruptos periodistas de México, sin duda, con su discípulo Agustín Barrios Gómez, que comercializaba a valor de oro algún comentario en su columna Ensalada Popof– fue un hombre del poder, que disfrutó de riquezas y que supo vender su pluma y recibir fortunas por ello de parte de su empresa y del gobierno, del cual era fiel soldado.

Y así siguió, dolorosamente para el periodismo, una pléyade de comunicadores que en mayor o menor grado han servido al poder en turno, y por lo cual han amasado enormes fortunas. Ahí está Víctor Trujillo, que siendo un comentarista independiente, plural y combativo, en el Canal 40, fue “contratado”, por no decir comprado, en una mañana golfística, por Emilio Azcárraga Jean, ahora dueño de Televisa, por un millón de dólares anuales, para que condujera un noticiero alternativo en el Canal 4, El Mañanero, al servicio de los intereses del grupo del que forma parte el cachorro del sistema, apegado claramente al gobierno.

Y siguieron los Joaquín López Dóriga, los Carlos Loret de Mola, Ciro Gómez Leyva, Leo Zuckermann, Javier Alatorre, que inclusive tienen sus empresas donde ofrecen sus servicios publicitarios, de imagen pública y de captación de votos en tiempos electorales, al mejor postor, al cliente que pueda pagar sus altos emolumentos, siguiendo el molde de Denegri, copiando sus cuadernos, chantajeando y vendiendo sus adulaciones al mejor postor.

En eso –y lamentablemente hay mies de ejemplos en todos los diarios, en la televisión y en la radio y en las redes sociales–, ha terminado el comunicador de los medios masivos de comunicación. Obvio, sigue habiendo periodistas honestos, subjetivos pero veraces –claro, porque un comunicador tiene su propia ideología, sus fobias y preferencias, sus ideales y prejuicios, y por ello nunca será objetivo, pero sí veraz, pero sí honesto–, que libremente expresan su opinión e informan con honestidad a su público. Ahí tenemos a una Carmen Aristegui, a un  Javier Solórzano, Katia D’ Artigues, Denise Maerker. Raymundo Riva Palacio, Ana María Salazar, Julio Hernández. Javier Lozano, Leonardo Kruchenko.

Y a honrar la memoria de grandes periodistas mexicanos, ejemplo de pulcritud, honestidad y fieles a su compromiso y vocación informativa: Manuel Buendía, Julio Scherer García, Pagés Llergo, Vicente Leñero, Manuel Becerra Acosta, Jorge Saldaña, Héctor Martínez Serrano, Armando Villagrán Rangel, Manuel Mejía.

Por eso las enseñanzas de mi maestro universitario, hoy son más válidas que nunca, deberían ser seguidas por las nueva generaciones de comunicadores del país: no buscar fortunas, riquezas y poder vendiendo sus plumas, su honestidad, su ética y valores, México necesita hoy más que nunca comunicadores comprometidos con la sociedad y con su tiempo, honestos, valientes, transparentes,  que se la jueguen con y por la Patria.

 

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