Megamarcha de mujeres mexicanas en defensa de sus derechos

México Automotriz presente, apoyando la justicia para la mujer mexicana

*Este domingo 8 de Marzo del 2020, Día Internacional de la Mujer, se unen en marcha más de 80 mil féminas solo en la CDMX, para protestar por la desigualdad de género, los feminicidios y la falta de seguridad, ante la apatía del gobierno 

*”Otro modo de ser humano y libre, otro modo de ser.  Porque lo que no es equitativo, tampoco es justo”: Rosario Castellanos 

Susana ARTEAGA

Con fotos de Verónica BORJA

Breve historia del feminismo

 

En la historia, se ha considerado al hombre como el sexo fuerte, y a la mujer como el sexo débil, frágil, menos capaz, incluso menos inteligente. Esta diferencia, se nos ha hecho creer como algo natural, y durante siglos y siglos para muchos hombres, las mujeres solo servimos para reproducir, cocinar y hacer servicio en cama, como decían las abuelas. La máxima educación que podíamos aspirar las mujeres, es de ser las mejores amas de casa.

En 1910 se realizó en Copenhague, Dinamarca, la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, y se designó el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer Trabajadora, con el objetivo de promover la igualdad de derechos. La fecha se escogió al azar, para conmemorar el fallecimiento de 140 mujeres obreras, que murieron por causa de un  incendio en una fábrica en Nueva York. Por este motivo, se hacen cambios en las leyes laborales. En 1975, la Organización de las Naciones Unidas, ONU, declara oficialmente el 8 de marzo como Día Internacional de la Mujer.

 En el siglo XVIII, cuando toman conciencia colectiva y se unen un grupo de mujeres, desarrollan un movimiento ideológico y social llamado Movimiento feminista.

La primera ola del feminismo es en el Renacimiento, principalmente en Francia, donde se inicia la Revolución Francesa y aparecen dos mujeres fundamentales, Olympe de Gouges, quien escribió la Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana, primer documento donde hay igualdad jurídica y legal de las mujeres, y Mary Wolltonecraft, quien presentó Vindicación de los derechos de la mujer, donde dice que la diferencia entre los géneros hombre y mujer, no es algo natural sino algo cultural y que se produce a través de la educación igualitaria.

La segunda ola del feminismo, es el sufragismo, que pasa de ser un movimiento intelectual a un movimiento de acción social. Aquí aparecen dos mujeres: Lucretia Montt y E. Cada Staton, quienes comienzan su lucha a favor de los derechos de las mujeres, en 1948, en Seneca Falls. Frente a unas 300 personas,  exponen La declaración de sentimientos, buscando recuperar todos los derechos civiles, como la igualdad de educación y el voto, luchando con manifestaciones, panfletos, huelgas de hambre, encadenamientos, sabotajes a líderes políticos, incluso bombas e incendios, con lo cual logran por fin el voto que se extiende a todo el mundo. Pero el movimiento sufragista, solo es para mujeres burguesas y blancas. Es entonces donde aparecen Sojourner Truth, una esclava negra, que lucha por ser mujer y por ser negra, una doble exclusión, mientras que Flora Cristán, mujer socialista que habla de la mujer obrera, que tiene una doble negación ya  que sufren por su clase social y por su género. Ella es la precursora del Feminismo socialista, quienes creen que deben cambiar todo el sistema establecido, algo complejo y difícil.

Llegamos al periodo entre las dos guerras mundiales, donde ya la mujer tiene derecho a votar, han comenzado a entrar a la Universidad, y aparece Simone de Beauvoir, en Francia, en 1949 fecha en la que escribe su libro Segundo Sexo, donde remueve conciencias, y realiza el estudio más completo de la condición de la mujer plasmado con su famosa frase: “No se nace mujer; se llega a serlo”, y donde nos habla de los roles entre la mujer y el hombre.

Y comienza la tercera ola del feminismo. Los hombres llegan de la guerra y las mujeres están de amas de casa, donde deben ser felices atendiendo a su hombre y tienen todas las comodidades en su hogar, y la publicidad de esos años lo deja claro. Pero en realidad no son felices, hay mujeres deprimidas, caen en el alcoholismo, miles se enferman, viven ansiosas, y llega Betty Friedan, una socióloga que escribe Mística de la feminidad, donde describe cómo la mujer vive insatisfecha, porque antepone el bienestar de los demás. Betty organiza un movimiento que se llama NOW, que busca mejorar el ámbito personal y da comienzo al Feminismo liberal que lucha por cambios hasta llegar a la igualdad con el hombre.

Estamos en los años 60’s, y por desgracia en los hogares se detectan abusos hacia la mujer, golpes físicos, insultos, desigualdad de reparto de tareas, explotación económica, sumisión a la mujer, entre otras cosas. Es cuando entra una corriente que es el Feminismo radical, que significa de raíz, es decir de casa, ya que el problema de raíz era el patriarcado que es la dominación del hombre sobre la mujer y que estaba en todos los ámbitos, familiar, político, económico, social y científico, y  por este motivo hicieron El movimiento de liberación de la mujer. Hacen protestas públicas,  además  de centros de mujeres maltratadas, de defensa personal y de ginecología, guarderías, entre otros, y consiguen que las mujeres del Siglo XX vayan cambiando el día a día de sus vidas hacia la liberación.

En los años 90 siguen los avances, hay múltiples modelos de mujer y por lo tanto hay múltiples feminismos, dependiendo de las cuestiones sociales, étnicas, nacionales o religiosas y por lo tanto ya no existe un feminismo único.

Para estas fechas, gracias a la lucha de las feministas, las mujeres ya pueden votar, usar anticonceptivos, estudiar hasta la Universidad y terminar una carrera, además de laborar y ganar su propio sueldo con prestaciones laborales como guarderías, casarse con quien deseen, son libres de querer tener o no hijos, son más dueñas de su cuerpo y de sus decisiones. Pero, ¿qué pasa ahora, qué nos falta?

Seguimos peleando por igualdad de género, para tener las mismas oportunidades que el hombre, ganar el mismo salario que ellos, por las mismas actividades, queremos respeto y seguridad en las calles, queremos protección a las víctimas de abuso y a las violadas no solo para mujeres, ya que también violan y abusan del hombre.

En el Siglo XXI, se va adquiriendo una mayor conciencia de la desigualdad de la mujer y surgen movimientos sociales como Me Too, donde millones de mujeres denuncian públicamente su experiencia de abuso con hombres.

Aun así, hay mucho por avanzar. Sigue habiendo violencia de género, diez mujeres son asesinadas a diario en México, contando, sin embargo, solo los considerados feminicidios. En México solo se hace moda la noticia pero no se da solución al problema, y como ejemplo están nuestras Muertas de Juárez.

Enero 1993, primer caso en Juárez, y comienzan las cifras, se documenta el asesinato de una mujer por mes, y para 1994 se habla de 11 homicidios por mes sólo en Ciudad Juárez. En 1995, las autoridades de Chihuahua abren una agencia sobre delitos sexuales, pero es hasta 1998 que el gobierno federal pone en marcha una investigación. Aun así, seguían las mujeres violadas y asesinadas, todas ellas jóvenes entre 15 y 25 años de edad de escasos recursos y que dejan sus estudios para irse a trabajar como obreras en las maquiladoras. ¿Qué pasó? ¿Quién o quiénes fueron? ¿Era un asesino serial o era un grupo de hombres que mataban mujeres por gusto? Solo quedó impunidad, indignación, tristeza, coraje, miedo y decepción. Irregularidades, como que no tenían tiras reactivas para las huellas,  y por lo tanto no tenían manera de comprobar quién fue el culpable y soltaban a los sospechosos, además de amenazar a  los familiares de la víctima. Por ellas: “Ni una más. Ni una asesinada más”.

Mi crónica de una manifestación anunciada

Así con esta triste inspiración, como toda mujer vanidosa y femenina, me fui arreglada a la marcha, con mi hija, por mi hija y para mi hija, porque lo que se logre ahorita se beneficiarán las siguientes generaciones. Llevé ropa cómoda y tenis para caminar, un pequeño botiquín, agua, suero, naranjas, diversas semillas en bolsitas transparentes, un suéter, bloqueador, lentes y gorra, poco dinero, una identificación y una tarjeta de crédito por si se necesitaba. Se hizo un grupo por WhatsApp, una de las compañeras aconsejó una aplicación llamado Live 360, donde sabes la ubicación de cada una de las integrantes, y el nivel de carga del celular de cada una. Es lo bueno de juntarse con millennials y Z’s, me dije para mis adentros.

El punto de reunión, el Toks de San Cosme. 1:30 pm, llegamos todas y empezamos a sentir una emoción por ver como de tu pequeño grupo se juntaron unas 40 chicas, y comienza la caminata. Primera parada, el Monumento a la Revolución. La emoción sube de tono, al ver cómo se van juntando cada ves más y más y más mujeres. Empezamos a corear las porras: “Ahora que estamos todas, ahora que si nos ven. Abajo el patriarcado que va a caer, que va a caer. Arriba el feminismo que va a vencer que va a vencer”. “Dónde estaban cuando nos mataban”. “Señor, señora, no sea indiferente, se matan a mujeres en la cara de la gente”. Así seguimos y una calle antes de llegar a la explanada del Monumento a la Revolución, ya no pudimos avanzar de tan lleno que estaba de mujeres con dos colores importantes, el verde y el morado. La ciudad parecía que estaba de acuerdo. Todas sus calles vestidas de flores moradas y hojas verdes por los árboles de jacarandas. Decidimos desviarnos, al frente una batucada que alegraba nuestro caminar, unas bailaban, contagiando a los extranjeros que pasaban en ese momento. Las personas que viven o trabajan en esa calle, solo estaban parados en la banqueta o en sus ventanas viéndonos y grabando con sus celulares, hasta ahí tranquilo.

 Llegamos al caballito en Reforma, se veía a mucho más mujeres, para ese momento ya éramos incontables. Como buenos  mexicanos y excelentes micro empresarios, hombres y mujeres vendiendo paletas, agua, refrescos, tepache, tortas, pañoletas verdes y moradas, playeras con leyendas, chicles, chicharrones, dulces. Ahí empezaron algunas, que obvio no eran de nuestro grupo, las anarquistas famosas a pintar monumentos, a golpear y a destruir vidrieras con mazos, tirando las protecciones de los monumentos. Sin involucrarnos, solo gritábamos: “Primero las mujeres y luego las paredes”. Todavía no estoy muy de acuerdo con esto, pero estamos aprendiendo a tener empatía. Seguimos caminando y la parte más tensa fue en Avenida Juárez, en momentos con el puño cerrado guardábamos un minuto de silencio por las víctimas, ahí por micrófono una chica platicó su historia y todas le gritamos “Yo si te creo, yo si te creo” y un señor llorando nos platicó que sigue buscando a su hija, en señal de apoyo gritamos “Viva la queremos”.

Hubo sujetos que aventaban basura desde un edificio hacia nosotras. Quienes se dieron cuenta comenzaron a chiflar, y se oyeron las mentadas al unísono, y pues como dijo María Félix, esas también duelen, y los señores que estaban arrojando la basura, mejor se metieron.

Todo ese camino se veían hombres apoyando con carteles en la mano, mujeres policías y de limpieza con moños morados en su uniforme, como señal de apoyo.

Llegamos a Sanborns de los Azulejos, que se veía pintado de nombres de víctimas y lemas de protesta como “Quiero dejar de sentir miedo cada ves que salgo de mi casa”, “nuestras vidas no se negocian”, “vivas las queremos”, en fin, miles de frases como estas pintadas en el piso y en paredes. Llegamos así a la calle de Madero, negocios cerrados, vidrios destruidos, mujeres encapuchadas vestidas de negro, golpeando con martillos y tubos las cortinas y escaparates. Afuera o arriba de los negocios; con sus uniformes puestos y su pañuelo verde o morado, hombres y mujeres nos daban señas de apoyo al movimiento. Más adelante una señora de aproximadamente 70 años, con uniforme de mucama, desde el hotel donde trabaja nos miraba con atención. Al verla, nosotras comenzamos a gritar y señalar, repitiendo varias veces, “Mujer, mujer voltéame a ver, esta lucha también es por ti” y “Mujer escucha, esta es tu lucha”. La señora se conmovió hasta las lágrimas, y nos daba las gracias.

Por fin llegamos al Zócalo. En la esquina nos encontramos con artesanas que bordaron en tela símbolos del movimiento feminista y frases. Grupos indigenas, vestidas como acostumbran en tonos morados, en células todas llegábamos a sentarnos en el suelo, ya cansadas. A lo lejos se veía humo; golpes y petardos. Yo esperaba discursos, cantar la canción chilena, himno del feminismo mundial, “Un violador en tu camino”, pero no, todo tranquilo pero con movimiento porque seguían llegando más compañeras.

 Decidimos partir a casa. Gracias a Claudia Sheinbaum, que no permitió que cerraran ningún transporte alrededor. Caminamos tranquilas hacia la farmacia Paris, donde por cierto, todos los negocios estaban abiertos y todos trabajando con normalidad, igual Palacio de Hierro y todas las tiendas y comercios de ese lado. Unas tomaron el metro Pino Suárez, nosotras el metrobús hacía San Lázaro, y así cansadas, pero con pila, eufóricas y emocionadas llegamos a contar nuestras anécdotas y reír un poco. Al final, al grupo le pusimos el nombre de Eslabones violetas, y soy orgullosamente integrante de este grupo feminista. Y nunca más permitamos otro abuso a cualquier mujer, en cualquier lugar de la patria y del mundo.

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